
Patricia lleva más de 40 años asesorando a familias y empresas costarricenses. Empezó en el oficio cuando los seguros en Costa Rica eran todavía monopolio del Estado, y acompañó a sus clientes durante toda la apertura del mercado a partir del 2008. Esa trayectoria le dio algo que no se aprende en un curso: sabe cómo responde de verdad cada aseguradora del país cuando llega el momento de un reclamo.
Su especialidad es traducir la letra menuda a un lenguaje que cualquiera entienda —deducibles, exclusiones, sumas aseguradas— y estar disponible cuando de verdad importa: el día del choque, del robo o del temblor. La mayor parte de su cartera llegó por recomendación de otros clientes, y muchos llevan décadas con ella.
Los seguros no son un gasto. Son una inversión pequeña que lo protege de una pérdida grande y le permite dormir tranquilo.











